Habla siempre de salud, de progreso y de victoria. Repite: "la fuerza de Dios habita en mí"
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La entrevista
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PobreEl mejor 
En las Escrituras Sagradas de las grandes Religiones del mundo se menciona brevemente a Dios como el Padre Supremo; pero, sorprendentemente se da muy poca información acerca de Su Personalidad. Jesucristo habló de sí mismo como el Hijo de Dios y Mahoma lo hizo como Su Profeta. Pero no se nos dice nada con respecto a Dios Mismo. Él aparece únicamente en forma indirecta, ya sea como una voz proveniente del cielo, como una luz, etc. Incluso los artistas occidentales, haciendo uso de su gran imaginación, han representado a Dios como un anciano corpulento de grandes barbas blancas. Pero las Escrituras Védicas dan descripciones directas de la Personalidad de Dios; una información que no se encuentra en ninguna otra parte. Los Vedas nos describen a Dios como una Persona Eternamente Joven poseedora de maravillosas cualidades, Él es la Belleza Suprema, el Artista Supremo, el Músico Supremo que atrae con su divina flauta la mente de todas las almas liberadas...

Me quedé meditando profundamente en esta posibilidad sobre la Personalidad de Dios. Aquellas descripciones de Los Vedas eran totalmente revolucionarias pero al mismo tiempo me costaba aceptar que Dios Mismo fuera un Eterno Joven o un Músico. Sin embargo, me propuse a indagar más sobre este asunto y lo hice tema de investigación individual en mi curso de Religiones Comparadas. Existían muchos mitos y leyendas sobre apuestos musicanters que tocaban una flauta mágica para atraer a las entidades vivientes que quisieran y robarlas. Seguramente estas leyendas tuvieron su origen en aquella Cultura Védica considerando su antiguedad. Y así fui encontrando a varios flautistas como el "Flautista de Hamelin", el de "Petrushka"... También escuché repetidamente la famosa "Flauta Mágica"... Y me fui introduciendo cada vez más y más por aquellos lejanos mitos y leyendas de aquel misterioso mundo en todas las culturas...
Hasta que en una ocasión… llegó un famoso escritor al país, a la capital. Fue la burla más inesperada a toda la prensa... JLB sólo conversaría con el pequeño grupo de intelectuales que lo habían invitado "extra-oficialmente"... Al parecer, se trataba de una junta ultra secreta...porque fuera de ellos sólo nosotros los del "grupo de Literatos" lo sabíamos y también lo habíamos invitado, todo porque uno de los nuestros era la hija de uno de ellos... Así que nuestro encuentro estaba todo arreglado: el día, la hora, la grabadora y... la entrevista empezó...

Pero cuando ésta terminó, JLB todavía contaba con unos minutos libres y sobrantes para cualquier pregunta "extra" fuera de ocasión que nosotros quisiésemos plantearle... Entonces yo, de un golpe brutal, antes de que todo el mundo se viniese abajo y yo no pudiese llegar a tiempo; le pregunté atropellada y desesperadamente:
- ¿Y de Dios? ¿Qué sabe usted de Dios? ¿Sabe usted algo de algún mito relacionado con flautas o flautistas?

Por supuesto que todo el grupo me miró horrorizado y avergonzado por mis torpes y absurdas preguntas tan fuera de lugar; seguro que de haberlo podido, me hubieran desaparecido por completo en ese mismo instante... Pero antes de que alguno pudiese objetar mi loca intervención, JLB dio un profundo suspiro y empezó a hablar parsimoniosamente... Yo le escuché con tanta atención que mi corazón estaba profundamente conmovido y agradecido por esta inolvidable narración:

En un pueblito de los Himalayas -no recuerdo muy bien su nombre- conocí a un extraño forastero que vivía en una choza de barro hecha por él mismo... él mismo también se cocinaba, se lavaba su ropa... y todo él mismo... Su nombre era Syamasundar... Era un solitario que todo el tiempo se la pasaba tomado apuntes y bosquejando extraños dibujos por doquier... Mis esquemas y laberintos no le atraían para nada... ¡En absoluto! ... Pero a mí... cómo me subyugaban sus pinceladas y matices que revelaban un singular conocimiento...
- Cada quien imagina la forma de Dios según su propio criterio -me dijo un día- pero yo nunca he querido imaginarlo por mi cuenta o llevado por mi especulador capricho -quiero decir- sin tener fundamento alguno... Simplemente he querido llegar a la forma original y verdadera del Sublime Ser...
- ¿Y que clase de fundamento tiene usted? -le pregunté.
- Las Escrituras Reveladas más antiguas del mundo -me respondió- Los Vedas. El proceso de Religión no puede ser especulativo. No podemos inventar a Dios. Debemos aprender Quién es Él, y eso, sólo Él Mismo puede enseñarnos. Ese es el gran valor de las Escrituras Reveladas.
- ¿Y ha llegado usted ya a conocer la forma original del Señor? -volví a preguntar.
- Si -me contestó Syamasundar- Gracias a Dios -y se quedó en silencio...
- Y, ¿cómo es Él? -tuve que volver a preguntar.
- ¿Dios?... pues, Dios es una Persona -me contestó finalmente- Él es una Persona muy bella... infinitamente bella y eternamente joven...
- ¿Una persona? -le interrumpí interrogante sin poder comprender- ¿Dios una persona?¿Cómo una persona?
- Pues, una Persona -continuó él- Alguien con Forma, Atributos, Nombre y Actividades Trascendentales... Si admitimos que Dios nos ha creado, no podemos negar que Él Mismo posee todos los atributos que el término "personalidad" denota: una forma y apariencia distintivas, y todos los poderes y habilidades que significa el poseer diversos sentidos y órganos.

Es ilógico suponer que la entidad viviente creada por Dios pueda, en algún aspecto, superar a su Creador. Si nosotros poseemos formas y personalidades distintas y Dios no las poseyera, entonces seríamos superiores a Él en ese aspecto. Esto quiere decir que, así como nosotros somos personas, Dios también es una persona, pero Él, por ser Dios, obviamente es la Persona Suprema, la Persona más bella, más amorosa y más encantadora... De Él emana la Belleza, el Amor, el Éxtasis Supremo o mejor dicho Él es la fuente de la Belleza, del Amor... O por decirlo mejor, Él es la Belleza Misma, el Amor Personificado, el Mismísimo Éxtasis...

- Comprenderán ustedes -continuó JLB- cómo mi mente se desató en un interminable estudio analítico de todas las formas concebidas y preconcebidas acerca de Dios... Dios como una Luz... Dios como un anciano de enorme barba blanca surcando por los espacios infinitos... Dios como una voz... Dios como una energía o inteligencia cósmica que mueve el universo... Hasta Dios como el aire o la montaña o ¡cómo uno mismo!... y tantas otras formas... Pero ¡Dios como Persona!... No, no podía concebir a Dios como Persona, eso significaba que Él Mismo mirase, oliese, comiese, hablase, durmiese y...  No, no podía concebirlo así... ¿Cómo podía ser posible esto?... Y sobretodo, ¡No podía concebir la belleza de un rostro y de un cuerpo que fuesen los de Dios! Sin duda alguna me encontraba por primera vez en mi vida ante una visión muy íntima y formidable de Dios...
- Y, ¿tiene usted acaso alguna iconografía de Dios? -le pregunté en otra ocasión...
- No -me respondió de inmediato- No por ahora... Pues, todos los textos e iconografías y dibujos que traía conmigo se quedaron sepultados en el interior de una cueva de la Gran Montaña...
- ¡La Gran Montaña! -exclamé con gran angustia...
- Si -continuó JLB- al parecer, aquel extraño forastero formaba parte de una extraña expedición... Pero yo ya no supe más de esto; pues mis múltiples ocupaciones me distrajeron de nuestra incipiente amistad... Sin embargo, al despedirme de él, tuve la oportunidad de ver una de sus últimas pinturas... que aún estaba fresca y era... ¡muy ingeniosa!... Se trataba de un joven, muy pero muy atractivo y muy bello... de rostro intemporal... piel oscura... casi azulada... y muy adornado de flores y joyas... Creo que este azulado y hermoso joven llevaba una corona y una pluma de pavo real sobre su cabeza... No recuerdo muy bien... Pero eso si, lo más relevante de este místico cuadro, era la pequeña flauta que parecía temblar de emoción entre sus manos... Por un momento pensé que aquello podía ser una iconografía de Dios y quise preguntar... Pero los gritos que me llamaban de afuera me hicieron salir apresuradamente... Y en realidad nunca se me ocurrió meditar sobre este extraño suceso...
- ¿Y porqué sería que participó en aquella extraña expedición? ¿Es que buscaba algo o qué?... -le preguntamos todos al escritor...
- En algún momento, él me había mencionado algo sobre la existencia de una gran cultura perfecta... milenaria... que existía en las alturas de aquella Gran Montaña... Se trataba de una misteriosa comunidad de santos y sabios autorrealizados que vivían en paz y armonía con las verdades más elevadas del Universo... En una exselsa relación amorosa con la Suprema Personalidad de Dios...Cantando Sus Santos y Divinos Nombres...Y glorificando Su Forma, Sus Atributos y Pasatiempos Trascendentales...Estos eran los Vaishnavas o Sadhus como solía llamarlos la gente... Al parecer, él soñaba con ingresar y vivir en aquella comunidad hasta la hora de su muerte...
- Y,¿hace cuánto tiempo que ocurrió este maravilloso encuentro? -le preguntó una de mis compañeras a JLB.
- ¡Ah! Mis queridos buscadores de la Verdad -respondió él muy alegremente- en aquel entonces yo todavía era un joven... muy joven... pero como siempre muy incrédulo como para aceptar las cosas místicas y sobrenaturales de este mundo...
Así pues, de todos los mitos y leyendas acerca de la Personalidad de Dios que había escuchado y encontrado hasta ese entonces, esta narración de JLB me pareció ser la más real, verídica y singular. Pero la incógnita más grande que ahora me quedaba era conocer aquella misteriosa Gran Montaña que estaba ubicada en los Himalayas y que guardaba todo el secreto que aquella extraña expedición había buscado... Entonces decidí concentrarme en el estudio minucioso de mapas y geografías acerca de esa zona conocida como la de las Grandes Montañas, que para gran asombro y mala suerte mía, había sido declarada hace muchísimos años como una "zona inaccesible"... Pero... que al menos había la leve esperanza de que algunas personas afortunadas podían acceder siempre y cuando demostraran un sincero interés y fueran con un Guía apropiado, experto y conocedor de esta gran región...

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